Bajo la colina. John Berger

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Al escuchar hablar a los animales

Para nosotros, el tiempo no existe. Cuando estamos en algún lugar, el tiempo nos precede o nos sigue.

Muchos de entre nosotros caminan sobre la tierra. Caracol se pega a la tierra y la escucha. Mientras que Mosca camina sobre un instante. ¿Es necesario que repita? Mosca camina sobre un instante….

Ratón se parece a Canguro. Debido a las patas traseras. Tenemos distintas formas de reconocernos unos a otros. No captamos las mismas características que ellos.

Perro, de tanto vivir con ellos, es el animal del olvido. Cuando recupera un recuerdo, mueve la cola.

Puma estudia los ríos y escudriña el nivel del mar. Ha aprendido a deambular a contracorriente, en vez de dejarse llevar a la deriva.

Gallo es un político. Solo anuncios.

Caballo no actúa según su voluntad. Espera órdenes. Burro, por el contrario, ha conservado su determinación. Comparad sus hocicos.

Morsa y Elefante nacieron a la vez; uno en el agua, el otro entre los árboles. Rana es un salto en espera. Sin embargo, del mismo modo que Perro juega con una pelota. Rana está dispuesta a morir por amor.

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Nuestros cuerpos son túneles, laberintos bajo la colina cuya cima somos nosotros.

Vivimos con el miedo; pero no como ellos. El miedo es nuestro aliado.

Se comen a muchos de nosotros; a casi todos en épocas de hambruna. A pesar de todo, nos envidian. Sin duda, se trata de un ejemplo de su dicho: “Querer el oro y el morro”. La historia de las ciencias naturales describe, según ellos, un paraíso perdido. Para nosotros, el paraíso es sencillamente el próximo amanecer.

Viven instalados en el remordimiento y el miedo. Nosotros vivimos en alerta constante. De este modo, la mentira no nos sirve para nada. Utilizamos la astucia, sin olvidar jamás que se trata de astucia. Ellos se mienten a sí mismos. Es evidente que esta es la razón de la complejidad de sus lenguajes.

Más allá del hecho de que nos coman, nos utilizan para desplazarse. Los transportamos con todos sus bártulos. Por tierra e incluso, a veces, como en el caso de Jonás, bajo el mar. Pero les ofrecemos otro tipo de viaje mucho más importante. Nos cazan y nos observan. Cuando nos damos cuenta de ello, los seducimos. (Orfeo ha aprendido mucho de nosotros.) Entonces les convencemos para que nos sigan dentro de los túneles, bajo la colina. Esos túneles son nuestras aptitudes físicas; como nuestro sentido de la orientación, nuestro uso del camuflaje, del silencio, nuestro aguante, nuestra visión nocturna, nuestra previsión, nuestro sentido de la medida, nuestra capacidad para medir las distancias, para escuchar. De tanto estudiarnos, reconocen estas aptitudes, se las atribuyen y se dejan deslizar fuera de sí mismos, como somnámbulos.

Estos túneles, esos caminos posibles de nuestros cuerpos, son para ellos una especie de balizas, de faros en la oscuridad. Se convierten en somnámbulos y esto les permite ir al encuentro de otros universos, reencontrarse con los muertos y con aquellos aún no nacidos.

Les acompañamos bajo la colina. Los chamanes conocen nuestro periplo.

Tortuga lleva el mundo a cuestas, sin esperar nada a cambio.

*

Un artículo y una entrevista con John Berger:

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=138

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=140

 

543420_10150312892759944_741355493_n  Imágenes de Jackie Morris

http://www.jackiemorris.co.uk/blog/

 

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