La supervivencia. Herramientas mínimas. Revista Shangrila nº25

A MODO DE INTRODUCCIÓN: NIÑA VENDADA CON MUÑECO DE TRAPOS

Texto: Mariel Manrique

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Pequeña Eileen Dunne, que siempre serás pequeña en la portada de nuestra revista, con tus tres años sentados en una cama anónima del Great Ormond Street Hospital for Sick Children, tus tres años heridos en un bombardeo aéreo sobre Londres, en septiembre de 1940, cuando no sabemos dónde estabas ni con quién pero sí que jamás hubieras debido estar ahí o quizá sí pero sin aviones que hicieran sangrar el cielo, nena de ojos como lagos y cabeza vendada, de venda demasiado grande y demasiado temprana para su cabeza, con tus manos invisibles desde los aviones, que aferran y protegen como una promesa o un escudo un muñeco de trapo que nos da la espalda porque tiene su rostro sobre tu corazón, como si no quisiera ver o estuviera cansado o muy perdido, perdido entre los brazos como juncos de Eileen Dunne, que cuida a su muñeco como si estuvieran los dos sobre una balsa y la balsa flotara sobre el mar, el mar de Great Ormond Street sin faros ni fareros, el mar de los rescatados por manos enfermeras, de los abiertos, cosidos y cerrados, de los amputados y los estremecidos, marcados como naipes y tan solos, pensábamos hablar sobre el Apocalipsis, porque todos lo anuncian desde siempre, como si ya no estuviera sucediendo, como si se tratara de ángeles y trompetas y fragor y truenos y no de este silencio que cae como una lluvia entre nosotros, como si la catástrofe no fueran tus ojos, Eileen Dunne, las preguntas que no sabremos responder, las palabras que habrá que inventar para decirte un día cómo fue que te hicimos la guerra, que te dejamos descalza y sin muñeco en la línea de tiro, desprevenida y doblemente huérfana, sin caramelos y sin lámpara, aquí estás a la hora que es tu hora pequeña, como todas las cosas que trajimos para montar guardia, vinimos en trineo hasta Great Ormond Street, te alegrará saber que también vino Pedro, extendimos la manta y empuñamos la linterna,

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salimos hace tanto y todavía huele a estupor y sabe a pólvora y no puede amanecer, es de noche también durante el día, el día es la obra maestra de la repetición, somos expertos en la repetición que nos condena a no ser más que esto, estos huesos menudos que no aprenden, que perseveran en sobrevivir de alguna forma, buscamos el desvío y la bifurcación hasta llegar a verte, hasta entender que la única pregunta es cómo hacemos para soportarlo, por qué no hemos montado un Gran Incendio, qué tendría de malo decir no, preferimos no hacerlo, venga a nosotros tu tan frágil reino, Eileen Dunne, fuera del hospital te esperan los ponis y los perros, ellos te lamerán la cabeza vendada y dormirán tendidos a tus pies, jamás entenderemos por qué no entran los perros ni los ponis a los hospitales, en nuestro trineo cabe el que no entra, queríamos hacerte un número en colores, hace siglos que te imaginamos, por eso guardamos chocolates en la lata, de monedas ni hablar, somos tremendos, en el margen se escuchan las plegarias y las mudanzas nacen de las desposesiones, caímos en combate y en todas las trampas, fuimos de cara a todas las tormentas, los animales de tiro se alteraron, fuera de campo era la dirección, ahí estuvimos, ahí estaba Jesús (no el de los ministerios), todos sin crédito hasta Great Ormond Street, hasta el centro inasible de la imagen que nunca está en el centro, Eileen Dunne, tenemos nieve hasta en la garganta, no recordamos cómo era dormir, Shangrila tiene una forma que no está en los mapas, un fondo que es un mapa de su especie, de algún modo te hemos merecido, convocamos de urgencia lo que amamos, muy despacito todo lo que amamos vendrá a absolvernos de lo que lloramos y a emanciparnos de lo que perdimos, la soberanía es un trineo con las cuerdas cortadas, en el sitio del daño habrá una estrella, Eileen Dunne.


supervivencia shangrila

Revista Shangrila nº 25

La supervivencia. Herramientas mínimas

LA SUPERVIVENCIA. HERRAMIENTAS MÍNIMAS

Coordinación: Mariel Manrique

Vimos una niña herida de guerra. Con su muñeco de trapo entre las manos y su venda en la cabeza. Nos propusieron un número sobre el Apocalipsis pero elegimos la supervivencia. Porque nunca recordaremos el final sino el trayecto. ¿Vivimos la tercera guerra mundial, librada en cuotas? ¿Nos infecta la peste del consumo, administrada por vía endovenosa? ¿Se acabó la lucha de clases? ¿Somos nativos o anfibios digitales en un mundo global de pequeños relatos? ¿Se nos murió primero Dios y después la Ideología? Como sea, vámonos. Al margen, al extremo de la pista polar. Para eso Joseph Beuys nos dio un trineo, donde cargamos las herramientas mínimas: una manta de fieltro, una lata de grasa animal, una linterna, todo anudado con tus sogas. Las sogas son tuyas, no hay viaje sin ellas.

Aquí vive Beuys con Amy Winehouse, Beckett y el arte povera, una escultora ignota de diminutas bestias de origami, las fotos de Antoine D’Ágata, los haikus de Taneda, los desharrapados de Aristakisian. Viven las obras que sobrevivieron: poemas de contrabando, mariposas en el exterminio, plegarias que no fueron escuchadas. Perros y ponis que arrastran el trineo, expedicionarios polares, alpinistas perdidos, las huellas y el sombrero de Robert Walser. Viven los sellos inhallables y las manos lentas, el juego como arma de combate. Las trampas y peligros de la modernidad, los postres que se niegan a los pobres, la traición en las crónicas, el nervio que rompe las costuras. Lo que cuesta es vivir. Aquí nos encontramos.

http://textosred.blogspot.com.es

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