Mujeres de sabiduría. Descenso y resurrección. Tsultrim Allione.

mujeres-de-sabiduriaSiempre ha habido mujeres inmersas en la vida espiritual, pero existe una literatura muy escasa sobre ellas. Por esto las mujeres que siguen una vida espiritual tienen más que todo modelos masculinos, aunque deben afrontar problemas que son propios a su condición femenina, y no es el menor de ellos el prejuicio cultural que las sitúa como incapaces de conseguir los más altos estados de consciencia. Por medio de las ricas biografías de seis místicas tibetanas y describiendo su propia experiencia, primero como monja budista tibetana y posteriormente como esposa y madre, Tsultrim Allione nos proporciona las sugestivas vidas de unas mujeres que, en situaciones difíciles, se liberaron y alcanzaron la iluminación.

Prólogo de Chogyam Trungpa


Al hilo de mi anterior entrada, os invito a la lectura de este extracto de la introducción del libro de Tsultrim Allione, Mujeres de sabiduría, en el que reconoceréis sin duda muchos de los temas que giran en torno al gran ciclo de los descensos (catabasis) y de las resurrecciones (anabasis). En su introducción, y especialmente en el apartado titulado Descenso y resurrección, la autora se refiere específicamente al cuento de la Doncella Manca; son estos párrafos los que he traído aquí para proporcionaros varios elementos de reflexión alrededor de uno de los cuentos con el que trabajamos, y en los que reconoceréis también tramas de otros cuentos, en concreto de La Mujer esqueleto, y de Vasalisa la Sabia.


El poderoso y evocador mito del “descenso”, paralelo en tantas culturas, también lo encontramos en varias de las biografías que se incluyen en este libro. Es una situación opresiva o inconsciente que te lleva a una crisis, “muerte”, descenso o iniciación en la oscuridad, seguido por una resurrección o resurgimiento. Lo que vivimos en la oscuridad ilumina todo nuestro ser y, a través de esta experiencia, tienen lugar cambios irrevocables, nos fortalecemos. También encontramos este tipo de experiencia en los mitos de Perséfone, y Psiquis, el antiguo mito semita del “Descenso de Innana”, en los ritos iniciáticos griegos, en las ceremonias iniciáticas chamánicas y en los cuentos como “La Bella durmiente”, “La rosa silvestre”, “La Muchacha sin manos” y “Los siete cuervos” en las fábulas de la Madre Hulda y Baba Yaga. También ha sido identificado por las psicólogas modernas tales como Sylvia Perera, Marie-Louise von Franz y Nor Hall. Otras mujeres sin más modelos o guías que ellas mismas y que han luchado por integrarse espiritualmente dentro de una cultura patriarcal, también han descubierto este ciclo. Si el mito del descenso se entiende correctamente puede ser de una tremenda utilidad, por ser la clave al proceso iniciático universal, en el que debemos participar si nuestro deseo es evolucionar o comprendernos. Estas experiencias nos afectan a un nivel tan profundo que, si luego las volvemos a integrar, podemos pasar por un renacimiento consciente, en vez de ser influenciados inconscientemente por las presiones y convenciones sociales.

Podemos valorar y crecer a partir de nuestras épocas oscuras, viéndolas como trampolines y no como digresiones inútiles. Podemos aprender a diferenciar entre ser arrastradas pasivamente hacia la oscuridad y la decisión voluntaria de penetrar en el mundo velado. Podemos ver qué y quién nos puede ayudar a digerir e incorporar las intuiciones tenidas durante nuestros descensos voluntarios o forzados.

En esta recopilación de biografías, la de Nangsa Obum es la que ilustra con más claridad el mito del descenso. Es la biografía de una “delog” (das.log) –la persona que muere y luego resucita. […]

En muchos cuentos, vemos que el nacimiento de una heroína o héroe viene después de un periodo de esterilidad, el cual va seguido por el nacimiento de un hijo sobrenatural. En nuestras propias vidas, vemos con frecuencia como también pasamos por épocas de reflexión en las que nos detenemos, sin hacer apenas nada, antes de que surja una transformación importante en nosotros o una obra creativa. […]

En el cuento “La Muchacha sin Manos”, una chica inocente que, a través de la conjura de un demonio, no es comprendida por su esposo (o por su padre en algunas versiones), es conducida al bosque donde ha de vivir sola. “La dejan en plena naturaleza, donde deberá aprender a conectar con su realidad positiva, interna, en vez de dejarse llevar por las normas colectivas, y deberá entrar en estados de profunda introversión. Se trata del bosque como podría ser el desierto, una isla en medio del mar o bien la cima de una montaña.” (Marie-Louise von Franz, La mujer en los cuentos de hadas).

[…]

A veces, los procesos internos más profundos han de mantenerse en secreto, de no ser así pueden ser obstaculizados o distorsionados por aquellos cuyos valores descansan en el mundo materialista…

La “muerte” de Nangsa es de un gran valor arquetípico, nos encontramos con este elemento en las tradiciones de los chamanes, en la antigua Grecia y en las ceremonias iniciáticas tibetanas.

Básicamente el proceso es el de la iniciación, en la que uno escoge voluntariamente entrar en la oscuridad. Apartarse conscientemente de la luz del sol para penetrar en los niveles más profundos de sí mismo. En las iniciaciones tibetanas se utiliza como símbolo una venda de ropa que cubre los ojos. Atravesando la oscuridad, uno penetra en otra dimensión (de sí mismo) diferente.

En la antigua Grecia, los buscadores de oráculos debían introducirse en la cueva de Zeus –Trofonios– a través de un estrecho agujero similar al canal del nacimiento, de la cual salían después de tres días ayudados por los “terapeutas”.

En Asia central, los chamanes Yakut describen como “los espíritus malignos se llevan al alma del futuro chamán al otro mundo, encerrándole en una casa durante tres años donde lleva a cabo su iniciación. Los espíritus cortan la cabeza del candidato mostrándosela, ya que debe presenciar su propio desmembramiento, y continúan cortando en pequeños pedazo todo su cuerpo, repartiéndolos entre los espíritus de las diferentes enfermedades. Únicamente pasando por esta prueba, obtendrá el futuro chamán el poder para curar. Entonces, los huesos son cubiertos con carne nueva y en algunos casos se renueva toda la sangre.” (Mircea Eliade, El chamanismo).

[…]

También se puede “viajar” al otro mundo a través de una depresión, en la que se llega a niveles muy profundos y se experimenta la oscuridad de la muerte. Si la persona enferma sale a flote, utilizando estas experiencias, ello es equivalente a la introversión del ermitaño que penetrando voluntariamente en los niveles más bajos de su ser, surge de nuevo con un conocimiento que puede ayudar a los demás. Este tipo de experiencia puede convertirse en un punto de partida que permita el crecimiento y el renacimiento. Es fundamental que la persona sea capaz de recordar lo vivido durante el descenso, de no ser así, habrá sido inútil.

[…]

Muchas mujeres occidentales, después de pasar una época de crisis, deciden vivir solas, sabiendo, intuitivamente, que la confrontación con su soledad las llevará a una comprensión más profunda. Estas mujeres (a las que nuestra sociedad considera desdichadas) pueden encontrar un apoyo en estas biografías de yoguinis tibetanas.

También ellas buscan el apoyo en otras mujeres o la ayuda de psicoterapeutas para resurgir de sus descensos; de la misma manera que las yoguinis buscaban la guía de sus maestros o amigos espirituales, así como los griegos necesitaban la ayuda de los “terapeutas” para dar un sentido a lo experimentado en la cueva de los oráculos.

Sobre el tema del mito del descenso, la analista junguiana M.L. von Franz, basándose en sus experiencias en las regresiones terapéuticas controladas, describe el proceso del descenso con relación a la historia de “La Muchacha sin Manos”:

En la Edad Media había muchos ermitaños. En Suiza existían los llamados “Hermanos y Hermanas del Bosque”, personas de ambos sexos que, sin querer llevar una vida monástica, deseaban vivir solos en el bosque; tenían una proximidad con la naturaleza, a la vez que poseían un gran conocimiento espiritual. Podían ser personalidades de alto nivel, con una fuerte tendencia espiritual que renunciaban a la vida activa durante un tiempo para encontrar, en soledad, su propia relación con Dios. No difiere mucho de lo que hacen los chamanes de las tribus polares o los hechiceros en todas partes del mundo, para tener en soledad, una experiencia religiosa personal.”

[…]

Si rechazamos el descenso por miedo a lo que podemos descubrir de nosotros mismos en el “otro mundo” bloqueamos un poderoso proceso de transformación, reconocido tanto por los psicólogos modernos como por las antiguas tradiciones.

 

Tsultrim Allione, Mujeres de sabiduría. Ed. Los libros de la Liebre de Marzo, 1990, reed. 2007.

http://www.liebremarzo.com/autores/allione-tsultrim

 

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5 pensaments sobre “Mujeres de sabiduría. Descenso y resurrección. Tsultrim Allione.

  1. Compartir el viaje hacia la sombra de una misma con más mujeres es una fuente de sanación… gracias Muriel por recordarnos la riqueza de pertenecer a una hermandad.
    Mireia Vilarrasa.

  2. Sí, vincularse en red es un secreto a voces en ese viaje, y donde no llega una llega otra, como bien sabes. La “shanga”, así llaman los budistas a esta comunidad en la búsqueda. Gracias por dejar tus huellas en esa bitácora lobuna y bienvenida, Mireia.

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