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Coffee with Pina. Lee Yanor

Coffee with Pina. Artistic Documentary about Pina Bausch by Lee Yanor. Israel / Germany, 2006. 52 min.

Trailer:

 

Película original completa:

 

http://www.leeyanor.com

 

Anuncis

Calendario sonoro y animalesco

Que este nuevo año 2018 esté sintonizado en la escucha de todos los seres de este planeta maltrecho… Auuuuuuu bienvenidas de nuevo al taller lobuno!

 

 

Doce lunas, doce páginas del calendario sonoro de la naturaleza.

La luna de enero es la del búho real y la garza.

La de febrero es del búho chico, el zorro y el sapo corredor.

La de marzo es la del alcaraván en el suelo y el mochuelo en su olivo.

Durante la luna de abril llega el tiempo del urogallo, del corzo y  de la becada.

Bajo la de mayo canta el ruiseñor.

Plenilinio en junio, con el paíño en su roca y  la pardela cenicienta sobre el mar.

En julio le silba a la luna el autillo; junto a él matraquea el chotacabras pardo.

En la de agosto gruñe el calamón, se ríe el zampullín y no calla ni una sola rana.

La luna de septiembre es la de la berrea y el sapo partero.

En octubre, la luz fría ilumina la ronca del gamo y el viaje otoñal del cárabo.

En las noches de noviembre chapotean en sus reflejos el avefría y las grullas viajeras.

La de diciembre es la luna del lobo.

 

Carlos de Hita. Técnico de sonido, en producción y postproducción, especializado en los sonidos de la naturaleza. Autor de un archivo sonoro con las voces de la fauna española, africana, amazónica e india.

http://www.carlosdehita.es/?p=1046

http://www.carlosdehita.es

 

Cantando sobre los huesos: procesos de regeneración en la iniciación femenina

 

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Pocos textos han sido recopilados sobre el proceso de empoderamiento de las iniciaciones femeninas. Sin embargo, toda mujer sabe que tener modelos femeninos que hayan experimentados descensos hacia los ínferos (aquel estrato más profundo, más arcaico de la psique en el que tiene lugar –fuera del lenguaje– un reencuentro de la sensibilidad con las vivencias más elementales de la experiencia vital), y su posterior regeneración fisiológica y psicológica, es una ayuda incalculable a la hora de adentrarse en los propios. Estos testimonios procuran a menudo aliento y postrera comprensión acerca de los propios descensos efectuados o/y sufridos. Estos tres extractos recogen antigos rituales chamánicos que reconocemos en muchos de los cuentos con los que trabajamos en los talleres. La confluencia de los procesos que describen estos textos revela en un lenguaje metafórico (oscuridad, descenso, huesos, desmembramiento, giros, desafíos…) profundas pautas psíquicas universales, y delinea un modelo arquetípico cíclico —vida-muerte-vida— ajeno a la dualidad de nuestro lenguaje común, que se despliega tanto en los cuentos, los mitos, los relatos de antigua sabiduría, como en los sueños nocturnos, en ciertas experiencias meditativas, y en las obras creadas en estados de conciencia no ordinaria. Las sirenas de Homero, escribe Pascal Quignard, tienen alas de buitre y reinan sobre blancas osamentas…


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[…] La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.

Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.

Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.

La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar. La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.

En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.

 

Clarissa Pinkola EstésMujeres que corren con los lobos, ed. B, 1998.

 

***

 

20150417_174249Durante tu viaje en las profundidades del bosque, quizá tropieces con una casa que camina, salta, gira, dibuja piruetas sobre patas de pollo. La puerta está hecha de huesos humanos, los cerrojos de dedos humanos, la cerradura es la boca sonriente de la muerte. Rodeando el lugar, hay una verja con una calavera en cada estaca. Una estaca está vacía, para recibir tu cabeza caso de que fracases en acometer la prueba. La sola visión basta para sacar al buscador de su percepción normal. Éste no es un lugar de lógica racional.

La propietaria de esta notable casa es una vieja bruja, Baba Yaga, que puede abalanzarse sobre ti en su mortero mientras cabalgas. Detrás de ella va una escoba que barre toda huella de sus idas y venidas, pues es imposible atraparla. Con una carcajada y ojos como ascuas de fuego pregunta sobre lo que buscas… “He venido a pedir fuego”…

No se trata de peticiones normales. Uno ha empezado a buscar en las profundidades del inconsciente aquello que es esencial para el crecimiento, el cambio, la plenitud. En realidad, la bruja, la hechicera, la energía de la sabiduría de la Diosa, no aparece en los sueños hasta que el viajero es lo bastante fuerte para ser vulnerable. El yo tiene que haber renunciado a una parte de su control defensivo antes de que pueda superar el enfrentamiento con esta energía. Entonces aparece ella, sin más ceremonias y, tras determinar si tu búsqueda es o no legítima, tiene una pregunta más: “¿Has venido aquí por tu propia y libre voluntad o vienes por obligación?, o bien: “¿Has venido a enfrentarte a los hechos, joven valiente, o huyes de los hechos?”

Ésa es la prueba para saber si estás preparado para proseguir tu búsqueda. Si dices: “He venido por mi propia y libre voluntad”, tus huesos formaran parte de sus adornos. Si, en cambio, dices: “He venido por obligación”, tu cabeza reposará en la estaca que guarda la puerta. La prueba es, simplemente, la siguiente: “¿Te has vuelto suficientemente consciente para ir más allá de la dualidad?” […]

Baba Yaga nos desafía a ir más allá de esta etapa inmadura del desarrollo hacia un mundo de ambos/y. […] La respuesta correcta para Baba Yaga sería algo así como: “Estoy a que en un setenta y cinco por ciento por mi propia y libre voluntad, y en un sesenta y cinco por ciento por obligación.” Esta respuesta implica que tenemos una comprensión más humilde y precisa de nuestra propia naturaleza. Lo cierto es que la mayoría de las personas estamos donde estamos en parte por circunstancias abrumadoras que nos han arrojado aquí y en parte porque es donde queremos estar. […]

En su estudio de la dakini (energía femenina feroz), Tsultrim Allione descubre que “en casi todas las historias sobre los grandes santos del Tibet, aparece la dakini en momentos cruciales. Los encuentros suelen tener el cariz de un desafío duro y penetrante ante las concepciones fijadas del practicante.

Marion Woodman & Elinor Dickson, Bailando entre llamas, Luciérnaga, 1999.

 

***

 

mujeres-de-sabiduria […] Básicamente el proceso es el de la iniciación, en la que uno escoge voluntariamente entrar en la oscuridad. Apartarse conscientemente de la luz del sol para penetrar en los niveles más profundos de sí mismo. En las iniciaciones tibetanas se utiliza como símbolo una venda de ropa que cubre los ojos. atravesando la oscuridad, uno penetra en otra dimensión diferente.

En la antigua Grecia, los buscadores de oráculos debían introducirse en la cueva de Zeus –Trofonios– a través de un estrecho agujero similar al canal de nacimiento, de la cual salían después de tres días ayudados por los “terapeutas”.

Los ritos iniciativos de los chamanes eran muy similares al descenso del “delog”. En Asia central, los chamanes Yakut describen como “los espíritus malignos se llevan el alma del futuro chaman al otro mundo, encerrándole en una casa durante tres años (sólo un año para chamanes inferiores) donde lleva a cabo su iniciación. Los espíritus cortan la cabeza del candidato mostrándosela, ya que debe presenciar su propio desmembramiento, y continua cortando en pequeños pedazos todo su cuerpo, repartiéndolos entre los espíritus de las diferentes enfermedades. Únicamente pasando por esta prueba, obtendrá el futuro chamán el poder para curar. Entonces, los huesos son cubiertos con carne nueva y en algunos casos se renueva toda la sangre. […]

También se puede “viajar” al otro mundo a través de una depresión, en la que se llega a niveles muy profundos y se experimenta la oscuridad de la muerte. Si la persona enferma sale a flote, utilizando estas experiencias, ello es el equivalente a la introversión del ermitaño que penetrando voluntariamente en los niveles más bajos de su ser surge de nuevo con un conocimiento que puede ayudar a los demás. Este tipo de experiencia puede convertirse en un punto de partida que permita el crecimiento y el renacimiento. Es fundamental que la persona sea capaz de recordar lo vivido durante el descenso, de no ser así, habrá sido inútil. […]

Muchas mujeres occidentales, después de pasar una época de crisis, deciden vivir solas, sabiendo, intuitivamente, que la confrontación con su soledad las llevará a una comprensión más profunda. Estas mujeres (a las que nuestra sociedad considera desdichadas) pueden encontrar un apoyo en estas biografías de yoguinis tibetanas.

También ellas buscan el apoyo en otras mujeres o la ayuda de psicoterapeutas para resurgir de sus descensos; de la misma manera que las yoguinis buscaban la guía de sus maestros o amigos espirituales, así como los griegos necesitaban la ayuda de los “terapeutas” para poder dar sentido a lo experimentado en la cueva de los oráculos.

Tsultrim AllioneMujeres de sabiduría, Ed. Los libros de la liebre de marzo, 1990, reed. 2007.

Habíamos reseñado y citado fragmentos de este libro en una anterior entrada: https://blogdelesllobes.wordpress.com/2017/02/05/mujeres-de-sabiduria-descenso-y-resurreccion/

 

Sobre el Solsticio de invierno

 

El Solsticio de Invierno es el momento, el instante en el que la posición del Sol se encuentra a la mayor distancia angular negativa del Ecuador. En el hemisferio norte la noche es la más larga. Solsticio viene del latín solstitium o Sol sistere, el sol quieto. Ocurre entre el 20 y el 23 de diciembre. Desde tiempo inmemorial el hombre ha mirado a las estrellas, al Sol, y ha comprendido que el paso del tiempo y los ciclos de la naturaleza tenían que ver con esa relación entre su planeta y el astro rey, aunque pensase que la Tierra fuera el centro del universo, o que su ésta girase en órbitas elípticas en torno al Sol. Es verdad, es la noche más larga, pero a partir de entonces comienza a acortarse, como si la larga oscuridad empezase a ser derrotada caminando, aunque todavía parezca que esté lejos, hacia el triunfo de la luz, de la vida que permite que los cultivos inicien su crecimiento.

El Solsticio se celebra desde que el hombre es consciente de que ocupa un lugar en el Universo. En la profunda Alemania, en Sajonia-Anhalt, está el Círculo de Goseck de unos siete mil años de antigüedad, un conjunto de anillos concéntricos excavados en el suelo. En el círculo exterior se abren dos puertas que se alinean con el Solsticio de invierno. Unos miles de años menos, al otro lado del mar, en las Islas Británicas se erige el megalito más famoso del mundo, Stonehenge (4.000 o 5.000 años de antigüedad), un escenario para que el hombre se relacionase con los astros. Cuando el sol se pone en el Solsticio de invierno, los rayos que emite se alinean con el altar central y la piedra de los sacrificios. En la vecina Irlanda se levanta un túmulo de unos 5.000 años de edad, en Newgrange, al noreste, cubierto de hierba y con túneles y canales. En el Solsticio de Invierno el sol penetra en las salas principales. Algo parecido ocurre en otro túmulo escocés.

Los celtas daban el nombre de Yule al Solsticio de invierno, término relacionado con la tradición de observar los astros y su relación con los cambios de estación. Pero, sobre todo, era el momento en el que se celebraba el renacimiento del dios y los espíritus, después de su muerte en Samhaim, que es cuando se celebraba el año nuevo druídico, en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre. El período entre Samhaim y Yule era la estación oscura, con la menor cantidad de luz solar, las plantas parecían muertas y los animales hibernaban. En Yule se quemaba un leño, un tronco grande de pino o sauce, que se había cortado en el Yule anterior y se había guardado cuidadosamente. El rito es dirigido por el druida. Ese tronco era elegido cuidosamente. El druida hablaba con los árboles del bosque para pedirles permiso y saber cuál era el adecuado para convertirse en el leño de Yule. Una vez escogido se tallaban en su superficie símbolos sagrados relativos al renacimiento, que ese era el sentido de la celebración. También se tallaban figuras masculinas y el Sol. Pero no era una celebración de júbilo como el que estallaba en el siguiente Solsticio. El druida medita y ayuna con el fin de ayudar a la tierra a renacer para dar sus frutos. Yule implica un ejercicio de introspección, un análisis íntimo sobre lo acontecido y realizado en el año, para renacer espiritualmente. Cuando se quema el leño se cierra el ciclo y comienza otro nuevo.

Cruzando el Océano Atlántico, nos acercamos a los mayas del Yucatán. Allí, en Tulum, levantaron una construcción que tiene un orificio en la parte superior que producía un curioso efecto cuando el sol del Solsticio de invierno se alineaba con el mismo. Los incas, más al sur, celebraban el Solsticio atando el Sol a una piedra para que no se les escapase.

Regresando a nuestro mundo no podemos dejar de aludir a la importancia de las Saturnales de los romanos. Aunque existe una celebración vinculada a los triunfos de los generales victoriosos, nos interesa la relacionada con el culto a Saturno, dios de la Agricultura. Acontecía entre los días 17 y 23 de diciembre con velas y antorchas, coincidiendo con la época más oscura del año, y el nacimiento de un nuevo período de luz, el dominio del Sol Invictus, el 25 de diciembre. Las Saturnales tenían una clara vinculación agrícola porque cerraban el ciclo de trabajo invernal en el campo, al terminar la siembra del trigo, y permitía un período de descanso para el campesino y su familia. Saturno se vincula también con Cronos. No podía ser de otra manera. Si Saturno protegía la Agricultura, Crono era el dios de la edad de oro de la tierra cuando los hombres vivían felices, sin distinciones sociales ni fatigas. Esta dimensión social se conservó en las Saturnales, porque era un momento propicio para libertar esclavos, además de permitirse una cierta subversión de las distinciones entre las clases sociales romanas, entre patricios y plebeyos.

Las Saturnales romanas, al contrario de la celebración celta, eran ruidosas, festivas y alegres, con diversiones y banquetes. Nuestra civilización actual, aunque ha perdido el sentido agrícola de la festividad, ha recogido este aspecto festivo y alegre de los romanos, olvidando la introspección celta. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno, un dios fundamental para los romanos, que solamente Júpiter terminaría por desplazar en importancia en la Triada Capitolina. El templo de Saturno estaba al pie del Capitolino, en el área más sagrada para los romanos. Terminado el sacrificio se celebraba un gran banquete para todo el pueblo.

Durante las Saturnales las familias romanas adornaban sus casas con plantas y velas encendidas para celebrar la llegada de la nueva luz. Los romanos se hacían regalos entre sí, como figurillas de barro y las propias velas.

La Iglesia triunfante consiguió sustituir las Saturnales con la Navidad, adoptando algunos aspectos, como las celebraciones y los regalos. Pero el espíritu pagano siempre se mantuvo consiguiendo sobresalir y ser predominante unas fechas después de la Navidad, en la fiesta que se produce en el cambio del año en la noche del 31 de diciembre.

Para los masones, los Solsticios son momentos claves. Si el de verano supone el paso del auge a la decadencia, del punto culminante de la luz hacia la oscuridad, el de Invierno es el símbolo de la luz, del regreso de la misma y del fin de las tinieblas. Por eso, el de verano debe celebrarse con una cena, y el de invierno con un almuerzo diurno. La celebración del Solsticio de Invierno, como del de Verano, recuerda los ciclos rigen el Universo, tanto desde el punto de vista astronómico, como filosófico. Ser conscientes de estar inmersos en distintos ciclos en la vida parece fundamental para los masones a la hora de entender lo que ocurre, para adquirir la sabiduría y hasta la paciencia para saber culminar esos ciclos, aprovecharlos y contribuir a dicha culminación.

 

http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/sobre-el-solsticio-de-invierno/

 

 

Imagen del mito. Joseph Campbell

 

Traducida por primera vez a nuestra lengua por la editorial Atalanta en 2012, Imagen del mito es una de las obras fundamentales del gran mitólogo norteamericano Joseph Campbell. Este libro hace un extenso recorrido por la mitología de las culturas de todo el mundo a lo largo de más de cinco mil años de historia y 423 ilustraciones del arte de Mesopotamia, Egipto, India, China, Europa, Oceanía o la cultura olmeca mexicana.

Campbell distingue dos maneras de elaborar mitos: la de las tradiciones populares de las culturas iletradas, relativamente simples, y la de las culturas más complejas que han desarrollado la escritura, como es el caso de las tres grandes religiones universales: budismo, cristianismo e islam. Traza líneas esenciales de todas estas mitologías y de la enorme influencia que han ejercido en el mundo, mostrando, a través de un cuidadoso análisis de los textos y las imágenes, las importantes diferencias que existen entre la cultura asiática y occidental con respecto a la idea del mundo como sueño, el orden cósmico y los ciclos y eones del tiempo, el símbolo del loto y la rosa, las transformaciones interiores del yoga y la psicología jungiana, para terminar con el sacrificio ritual y el despertar.

Imagen del mito es un inmejorable acercamiento a la comprensión del significado profundo que tienen los mitos del pasado, tan ajeno y desconocido para el lector de hoy, pues, si cualquier mitología se muestra en su forma exterior y literal como una serie de fábulas, contemplada desde el ángulo interior y simbólico se revela como una sucesión de realidades psicológicas llenas de sabiduría espiritual.

Joseph CampbellImagen del mito, trad. Roberto Bravo, Editorial Atalanta, 2012.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Imagen_del_mito

Himno a la Mujer | Shaktisangama Tantra

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La Mujer (Shakti) es la creadora del universo,

el Universo es su forma;

la Mujer es el fundamento de los mundos,

ella es la forma verdadera del cuerpo.

Adopte la forma que adopte,

la de un hombre o la de una mujer,

es la forma superior.

En la Mujer reposa la forma de todas las cosas,

de todo lo que vive y se mueve en el mundo.

No existe joya más preciosa que la Mujer,

ni condición superior a la suya.

No existe, nunca existió y nunca existirá

un destino parecido al de la mujer;

no hay reino, ni fortuna

comparable a una mujer;

no existen, nunca existieron, nunca existirán

lugares sagrados similares a la Mujer.

Ninguna oración iguala a la Mujer,

ni fórmula mística ni ascesis

que valgan la Mujer.

No existe, nunca existió y nunca existirá

una riqueza más valiosa que una Mujer.

 

Shaktisangama Tantra II.52

 

Imagen:

El triángulo primordial, símbolo de Shakti, la Diosa Suprema. Rajasthan, siglo XVII, gouache sobre papel.

Este yantra (instrumento diagramático que favorece la concentración) representa a Shakti, el aspecto femenino de la divinidad. Los tres lados del triángulo — yoni —representación de la vulva, la matriz creativa del cosmos— con sus tres colores: negro, rojo, blanco, simbolizan a las tres gunas, 3 cualidades que componen todo el universo: sattva (luz, serenidad, discernimiento), rajas (energía, pasión, movimiento), tamas (ignorancia, inercia, oscuridad).

 

Chantal Maillard: “Ya no creo que sea posible cambiar el mundo, ni me parece necesario”

Maillard acaba de reeditar ‘La razón estética’, ensayo que publicó en 1998. /Lisbeth Salas
Maillard acaba de reeditar ‘La razón estética’, ensayo que publicó en 1998. / Foto: Lisbeth Salas

La poeta belga Chantal Maillard, afincada en Málaga, reedita ‘La razón estética’, donde propone una educación de la sensibilidad alejada del espectáculo


ALBERTO GÓMEZ 

Su hilo de voz contrasta con la rotundidad de su discurso. Quizá por eso Chantal Maillard prefiere escribir. Ya lo advirtió en ‘Matar a Platón’, que le valió el Premio Nacional de Poesía: «Escribir / porque alguien olvidó gritar / y hay un espacio en blanco, / ahora, que lo habita». La poeta y filósofa belga, afincada en Málaga desde hace décadas, reedita ‘La razón estética’, el ensayo que publicó en 1998 para reivindicar una educación de la sensibilidad alejada del espectáculo.

– Hace casi veinte años que publicó ‘La razón estética’. ¿Por qué ha aceptado reeditarlo, usted que no parece nada nostálgica?

– Nostálgica, en absoluto, no con respecto a mis escritos (risas). El director de la editorial consideró que era un libro con vigencia, todavía útil. No hemos progresado mucho en los asuntos que aborda.

– Hablaba incluso de cambiar el mundo, una idea que sospecho que ya ha desechado.

– Era un libro ciertamente optimista, demasiado optimista para mi forma de entender las cosas ahora. En su momento sí pensaba que había posibilidad… Dentro del discurso del la posmodernidad se intentaron recuperar ciertas cosas y enmendar otras, pero todo eso quedó truncado. Ya no pienso que sea posible salvar nada, ni tampoco me parece necesario.

– ¿Es ‘La razón estética’ una propuesta para tiempos difíciles?

– Sí. Hemos confundido la pertenencia con la posesión. Decimos que el planeta nos pertenece, pero es al revés: nosotros pertenecemos al planeta. Es urgente que podamos recuperar ese saber anterior que todo animal posee y que permite mantener en equilibrio el sistema al que pertenecemos. Volver a comunicarnos con el animal que fuimos es ahora un imperativo moral. Para ello, para sabernos con otros, lo primero sería considerar cuán errónea ha sido la idea de superioridad que el occidental ha tenido siempre de la especie humana y de sí mismo.

– ¿Cómo es posible educar la sensibilidad en un mundo cada vez más espectacularizado?

– De eso se trata. En el ámbito de la representación, las emociones emergen en el espectador cargadas con un plus de placer. Esto es peligroso, porque las emociones más genuinas, como el dolor que podríamos sentir ante ciertos horrores, se transforman en emociones placenteras, las mismas que las que experimentaríamos ante una película. De esta manera somos extremadamente manejables. Nuestros movimientos de rebeldía pueden ser neutralizados con sólo trasladar los acontecimientos a la pantalla. Cuando lo real se convierte todo entero en representación es importante aprender a observar lo que experimentamos y saber detectar la naturaleza del placer, adictivo en muchos casos, que acompaña nuestros sentimientos.

 

«PARA CONOCERSE HAY QUE OBSERVAR LA PROPIA MENTE, PERO ESTE EXCESO DE AGITACIÓN LO HACE IMPOSIBLE»

 

– ¿Cómo ha cambiado su forma de entender el mundo en estos últimos veinte años?

– Para mal (risas). Hoy no creo que tenga mucho sentido salvar nuestra especie. Hemos alcanzado una dimensión de plaga en este planeta. Y ahora queremos llevar la vida a otros planetas para que el proceso de evolución pueda empezar de nuevo… No creo que la vida humana haya sido un acierto. No creo que éste sea el mejor de los mundos posibles.

– ¿Y cuál lo sería?

– Ninguno que se sostenga sobre el hambre, por supuesto. El hambre es violencia, y la violencia es dolor.

– Dice que quienes nos gobiernan no han aprendido a conocerse.

– «Conócete a ti mismo» es una fórmula muy antigua utilizada tanto por los filósofos griegos como por los chinos o los de la antigua India. Quien no se conoce a sí mismo no podrá conocer a otros. Si quien gobierna no se conoce a sí mismo, ¿cómo podrá gobernar un Estado?

– Usted se pregunta qué es ese «sí mismo», eso que llamamos «yo».

– Para conocerse es imprescindible saber aquietarse y observar la propia mente, su proceso. Pero en nuestras sociedades se ha hecho todo lo contrario, se ha aumentado la agitación. Con el exceso de agitación la observación es imposible, la inteligencia orgánica se colapsa y esto se traduce en enfermedades como depresiones o fatigas crónicas. Gestionamos mal nuestras energías.

 

«CONVENDRÍA SABER DECRECER. NO SOMOS MEJORES QUE EL RESTO DE ESPECIES, SALVO EN EL ANSIA QUE NOS DOMINA»

 

– ¿El mundo se derrumba o nos lo estamos cargando nosotros?

– Ambas cosas, supongo. Nuestro planeta es tan sólo un punto en el organismo universal, un punto destinado a desaparecer, como cualquier otro ser vivo. Y también es probable que estemos colaborando en esa destrucción. Resulta evidente que no estamos haciendo las cosas de la mejor manera posible para que se mantenga el equilibrio necesario. Hemos pensado que somos más importantes que el resto del planeta y que podemos crecer indefinidamente sin dañarlo. Y esto no es así.

– ¿Es la soberbia uno de nuestros mayores males?

– Por supuesto. Convendría saber decrecer. No somos independientes del resto de especies. Tampoco somos mejores ni superiores, salvo en el ansia que nos domina.

«Conciencia colectiva»

 

– En ‘La razón estética’ habla de categorías de conciencia colectiva.

– Es una de las partes más importantes del libro, porque permite pensar en una educación en ese sentido. Las emociones son culturales y también epocales, van transformándose. Utilizo la figura de Drácula, por ejemplo, para mostrar cómo el terror de lo otro, el lado oscuro, lo que se desconoce, la muerte, el enemigo, se asume progresivamente hasta anularse en lo propio. Drácula pasa de ser la criatura diabólica de Bram Stoker, en el XIX, a convertirse en un ser digno de compasión en los inicios del XX para terminar siendo asimilado en la nueva mediocridad de esta época, como en Crepúsculo. Trivializamos el símbolo y anulamos su capacidad de conmovernos, de sacudirnos. Lo des-integramos. Ésta es la manera en que la sociedad de consumo, el mercado, neutraliza al enemigo.

– ¿Qué papel han jugado los poemas de otros en su vida?

– A menudo me han servido para despertar la conciencia y a menudo para transformarla. Me han educado.

– ¿Es consciente de que provoca eso mismo en otras personas?

– No lo sé. Escribir ha sido siempre mi forma de comunicarme. A veces acierto, otras no. Pero siempre me sorprendo cuando alguien me dice que le ha llegado.

– ¿Qué tal encuentra Málaga?

– Creo que debería tener más bancos donde sentarse (risas). Es una ciudad hermosa y se merece que podamos disfrutar de ella sin tener que entrar a sentarnos en un bar. Debería tener más fuentes y bosques. Es un lugar que podría ser paradisíaco si se construyera menos, si atendiésemos más a los espacios naturales, que son primariamente educativos. Y bueno, si hubiese menos turismo.

– ¿Echa de menos la docencia?

– En gran parte sí. Han sido años muy hermosos. Lo que me agradó de presentar ‘La razón estética’ en La Invisible es que algunas de las personas que mantienen ese espacio de cultura alternativa han sido alumnos míos muy brillantes. Es importante para mí apoyar este proyecto porque es el único espacio de cultura alternativa de Málaga. La Alcaldía debería procurar darle la concesión cuanto antes.

 

http://www.diariosur.es/culturas/creo-posible-cambiar-20171125215553-nt.html

 

Marina Garcés: “El saber y el poder se han desacoplado. Sabemos mucho, pero podemos muy poco”

La filósofa Marina Garcés propone reforzar nuestros vínculos colectivos frente a las identidades monolíticas que giran en torno al poder de unos sobre otros.

Alberto G. Palomo

Marina Garcés, fotografiada por María Teresa Slanzi para Anagrama.

 

Cree en las singularidades, pero no en identidades monolíticas. Habla serena, con un control del lenguaje que requiere no perder la atención y hasta tomar notas que deglutir más tarde, a mesa puesta. Sus ideas giran en torno al pensamiento crítico. Y este, por ley, a la lucha. Uno de sus libros –Fuera de clase (Galaxia Gutenberg, 2016)– se autoclasifica como “filosofía de guerrilla”. Y a ella, como persona, también le encaja ese molde subversivo. Marina Garcés (Barcelona, 1973) dice que se mueve entre las ganas de vomitar al mundo o abrazarle. Esta tarde de sábado en Madrid parece que ha elegido lo último. En tres horas ha pasado por dos citas, el festival artístico y cultural TransEuropa y el literario Eñe. En el primero, el asunto elegido era el nacionalismo y se rodeó de pensadores como Santiago Alba Rico. En el segundo engarzó un diálogo con el poeta y novelista Carlos Pardo en el que se mencionó la esperanza como teoría filosófica del siglo XX y de la importancia de ‘obrar’ antes que producir una obra. Algunas de sus inquietudes más recientes acaban de salir publicadas en el ensayo Nueva Ilustración Radical (Anagrama), después de que su pregón de La Mercé sacudiera la ciudad en la que nació con un mapa de su historia más rebelde.

Como viga sobre la que se sostienen parte de tus libros, me gustaría saber qué significa ‘identidad’ y qué importancia tiene en tiempos de nacionalismos.

La identidad no es para mí un concepto primero sino una condición derivada. Es decir, que la identidad como mucho es un efecto, nunca una causa. Es una consecuencia temporal y precaria de conjuntos de relaciones que podemos “identificar” gracias a determinados rasgos, parámetros, comportamientos, prácticas… Sólo podemos ser libres respecto a nuestras propias identidades si comprendemos este carácter pragmático que tienen. Si las esencializamos, seremos sus primeras víctimas. Esto es lo que ocurre con el nacionalismo. No hay ningún problema en reivindicar vínculos colectivos que no pasan por los que son legitimados y reconocidos por el mapa de los Estados, su integridad territorial y sus constituciones. Todo lo contrario: los Estados son la creación más directa de los nacionalismos. No hay Estado que no sea nacionalista. Defender al Estado contra los nacionalismos es defender a un nacionalismo contra otro. La única política no nacionalista es hacernos cargo de la multiplicidad de nuestros vínculos colectivos, sin negar unos en contra de otros y articular, desde ahí, las instituciones que permitan tomar decisiones colectivas a partir de ellos.

¿Se han construido ciertos moldes identitarios cerrados que favorecen la desconfianza en otros nuevos? (Como pasa ahora con, por ejemplo, ser catalán y español o con la polémica del bus contra la transexualidad)

Si aceptamos el juego identitario, por fuerza tenemos que entrar en el combate por la hegemonía: cuál es la identidad principal y cuáles son las alternativas, secundarias, periféricas o minoritarias. Quien tiene el centro se puede permitir que existan periferias.

 

“LA CREDULIDAD DE NUESTRO TIEMPO ES VOLUNTARIA. NOS CREEMOS LO QUE MÁS NOS CONVIENE PARA SOSTENER LA IDEA QUE QUEREMOS TENER DEL MUNDO”

 

Lo que no soportan las identidades dominantes es que no haya centro. De la misma manera, muchas identidades antes periféricas o minoritarias aspiran a ocupar el centro y por tanto lo que tenemos es una lógica que se repites con actores y protagonistas cambiantes. Este tipo de lucha no me parece transformadora en ningún sentido. Al contrario, confirma la lógica del poder (centro-periferia). Prefiero seguir la consigna de ese filósofo francés, del que cada vez se habla menos: Gilles Deleuze, que nos invitaba a encontrar nuestros devenires minoritarios aunque fuéramos muchos. Minoritarios no en número, necesariamente, sino por la declinación a la hora de ocupar cualquier nuevo patrón de comportamiento o de representación mayoritario. ¿Quién quiere ser modelo para los demás? Parece que muchos tipos de gente actualmente… Hay que revisar este deseo competitivo y destructivo.

En esta época que catalogas de ‘Anti-Ilustración’, ¿no es raro que choque lo poco que realmente sabemos con la cantidad de información que tenemos?

En mis últimos textos he escrito acerca de que estamos padeciendo algo así como un analfabetismo ilustrado, es decir, que sabemos muchas cosas pero ello no nos hace más capaces ni más libres. Toda la información que tenemos no constituye un saber que nos permita elaborar ni transformar colectivamente nuestras condiciones de vida. Esclavos informados, somos. O algo así como viejos sabiondos que repiten a cada minuto el último tuit o el último titular pero que son incapaces de formular bien cuáles son los verdaderos problemas de nuestro tiempo. No sólo se han desacoplado el saber y la información, sino también el saber y el poder. Sabemos mucho, pero podemos muy poco.

¿Por qué teniendo tanta información somos menos críticos y más crédulos?

La credulidad de nuestro tiempo es voluntaria. No es fruto de una ignorancia ingenua, de una bobería virginal sino todo lo contrario. Nos creemos lo que más nos conviene para sostener la idea que queremos tener del mundo según nuestros intereses más inmediatos. A esto, los medios de comunicación lo han llamado posverdad, que simplemente quiere decir que nos importa un bledo que lo que nos dicen sea verdad mientras nos vaya bien. Ésta es la credulidad de nuestro tiempo y ésta es la base de nuestra relación tan acrítica con lo que pasa. Nos quejamos mucho, expresamos emociones muy intensas en las redes sociales, pero somos profundamente acríticos. La crítica no es emitir juicios de aprecio o de rechazo, un ‘me gusta’ o un ‘no me gusta’, o un piropo o un insulto. La crítica es la tarea de buscar criterios con los que discriminar lo interesante y no lo interesante de lo que ocurre, lo importante y lo descartable, lo bueno y lo malo, y poder actuar en consecuencia. Es una tarea práctica que nos obliga a interrogar y a adentrarnos en lo que no sabemos.

¿Cómo se distingue la ignorancia de la credulidad?

La ignorancia es natural, por ejemplo un bebé de temprana edad no sabe hablar o no sabe que el planeta Tierra es redondo. Lo ignora. O por ejemplo, cualquiera de nosotros no sabe otra lengua que la materna si no la estudia, o no sabe hacer algoritmos si alguien no le enseña. En este sentido, la ignorancia es un hecho que no es problemático a no ser que use para oprimir, en función de ella, a alguien. La credulidad, en cambio, implica la actitud de quien está dispuesto a otorgar poder y autoridad a alguien o a algo por la razón que sea. La credulidad es una actitud que se deriva de un querer creer, ya sea por miedo, ya sea por comodidad, ya sea por pereza. No hay que confundir, sin embargo, la credulidad con la creencia. Las creencias son fundamentales en la vida, porque tienen que ver con todo aquello que podemos sostener y que nos sostiene (afectos, ideas, marcos de referencia, etc.) sin necesidad de estarlo pensando o negociando todo el tiempo.

En Nueva Ilustración Radical dices algo así como “Lo sabemos todo, pero no podemos hacer nada”. ¿Cómo se podría percibir eso en el caso del capitalismo o del feminismo? Sabemos que es un sistema injusto pero no nos movemos; sabemos que el feminismo ya tendría que ser la norma pero aún hay quien no se atreve a sumarse, quien lo ve con reparo.

La desproporción entre los discursos que tenemos y la acción transformadora de la que somos capaces es inmensa. Siempre ha sido más fácil decir lo que hay que hacer que hacerlo, pero ahora, con tantos medios de comunicación también personales, como las redes sociales, aún más.

 

“EL PODER SIEMPRE TIENE LA MISMA LÓGICA: CONSEGUIRLO, MANTENERLO Y, A PODER SER, AUMENTARLO. POR ESO ME INTERESAN POCO LOS PROYECTOS POLÍTICOS DISPUESTOS A TOMARLO.”

 

No se trata solamente de que es más fácil decir que hacer, sino que una de las condiciones del saber, actualmente, es el de darse descontextualizado. Podemos acceder a infinitas informaciones –videos, mensajes, libros, películas, etc.– que no dependen de que nos hayan llegado por medio de ningún contexto vivido. Esto hace que también los consumamos descontextualizados y que alimenten burbujas que no necesariamente afecten otros ámbitos de convivencia. Al final, lo que acabamos componiendo así es un mundo de micromundos, en vez de un mundo en tensión, en transformación y en proceso de cambio.

Hablas también de las ciudades en transición, aquellas que se están preparando para el final de las energías no renovables. ¿Qué se nos viene con el fin de los recursos en esta época “en la que todo se acaba”?

Me llamó la atención la expresión “en transición” que ha empleado el movimiento ecologista Transition Towns, porque no apela a un futuro, sino que se presenta ya como un presente en curso. El cambio no es lo que se exige o se promete, sino lo que ya se está haciendo. La crisis ambiental, la crítica al actual sistema productivo y su transformación se convierten, así, en una realidad presente en sus tres dimensiones. La impotencia se rompe cuando vemos los problemas de nuestro presente a la luz de lo que ya estamos haciendo para combatirlos, aunque esto sea muy local, muy minoritario o muy pequeño. La potencia del estar ya haciendo es mucho mayor que la de tener un gran modelo alternativo que no se sabe cómo ni con quién aplicar. Por eso tomé esta expresión y la apliqué al campo de las humanidades, donde hace tiempo que hay mucho malestar por su retirada en el sistema educativo y cultural, lo que ha hecho que muchos intelectuales se pongan a la defensiva o en actitudes melancólicas y preservacionistas. Si no queremos acabar en un museo, no hay nada que defender y mucho por hacer.

¿Habrá una transición también en los puestos de poder?

La gente que ocupa el poder cambia y las formas de ejercerlo también, pero el poder siempre tiene la misma lógica: conseguirlo, mantenerlo y, a poder ser, aumentarlo. Por eso me interesa muy poco el debate en torno al poder y los proyectos políticos que se han dispuesto a tomarlo. Hay gente honesta y valiosa que hoy puede estar en puestos de poder, como ha podido ocurrir siempre, el sistema institucional y de partidos actualmente en España está estructuralmente corrompido y no puede ser renovado, solamente, haciendo un relevo generacional. Confío mucho más en las prácticas colectivas que hoy están creciendo al margen o en los márgenes de las instituciones y que prefiguran otros modos de lo que significa darnos colectivamente la potencia de hacer y de cambiar las cosas.

¿Crees que hay menos rebeldía ahora que en otras épocas?

No, no lo creo. Sobre todo, porque hoy ya no podemos pensarnos desde un aquí y un ahora conocidos. En este momento en el mundo están teniendo lugar un sinfín de insubordinaciones de las que no sabemos nada o quizá muy poco. Insubordinaciones, luchas, procesos de lucha, deseos de vivir de otra manera, desobediencias… no están amparadas ni codificadas por una sola organización internacional, como fue el Partido Comunista, ni por un solo discurso, pero están ahí, estoy segura. El problema es que no sabemos a qué futuro compartido apuntan, porque no tenemos un marco de sentido que reúna, agrupe y articule todas estas insumisiones. Están desperdigadas. Más libres que bajo las organizaciones de la izquierda clásica, pero también más dispersas y disgregadas.

¿Cómo casa esa obediencia que tenemos asumida con la lucha y la pedagogía de género?

Tengo la impresión que en nuestras sociedades y de maneras distintas en muchas partes del mundo hay una vitalidad del feminismo y del cuestionamiento entorno al género que contrasta con otras esferas del pensamiento crítico y de las luchas colectivas, a veces muy desorientadas y desactivadas. Junto a ello, sin embargo, hay un deseo de autoritarismo que se infiltra hasta lo más íntimo y que está devolviendo actitudes muy machistas a muchos hogares, a muchas relaciones adolescentes y a muchas expectativas de vida que, a falta de otra orientación, buscan órdenes claras y relaciones dominantes. La obediencia creo que se inscribe en estos contextos en los que predomina un nuevo deseo de autoridad, muchas veces alimentado por el miedo. Desarrollar una pedagogía crítica, para mí, no pasa solamente por mostrar otras conductas, prácticas o identidades de género en los que reconocerse sino por hacer posible una emancipación más profunda que cuestione y combata todas las obediencias a la vez.

http://www.pikaramagazine.com/2017/11/marina-garces/

 

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología oriental

 

Nadie como Joseph Campbell ha hecho comprender mejor a nuestra época el sentido mítico del mundo. En su prólogo al monumental estudio comparativo de las mitologías, cuya nueva edición continúa publicando Atalanta con este segundo volumen, afirma que el hombre no puede sostenerse en el universo sin otorgar un sentido a las ideas míticas heredadas, porque la crónica de nuestra especie no es sólo la de su historia biológica, o la que se apoya en el desarrollo tecnológico, sino también la historia espiritual de las diferentes razas humanas.

Publicada entre 1959 y 1968, Las máscaras de Dios está dividida en cuatro volúmenes. El primero, dedicado a la Mitología primitiva indaga los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la luz de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos y psicológicos más recientes. El segundo volumen, Mitología oriental, se ocupa de las religiones de Egipto, la India, China y Japón. El tercero (que será publicado durante el año 2018), Mitología occidental, es un estudio comparativo de los temas universales que subyacen en el arte, los cultos y los textos de la cultura europea. La obra se completa con Mitología creativa, que trata sobre la importancia que ha tenido la herencia mitológica en el mundo moderno y sobre el ser humano como creador de sus propias mitologías.

Esta nueva edición en castellano de Mitología oriental ha sido revisada por la Fundación Joseph Campbell con el fin de conservar toda su vigencia científica como libro de referencia. [Editorial Atalanta]

Joseph Campbell, Las máscaras de Dios: Mitología oriental (tomo 2). Trad. Belén Urrutia, Atalanta, 2017, 704 págs.

 

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Joseph Campbell (Nueva York, 1904–Honolulú, 1987) fue junto a Mircea Eliade el mitólogo más importante de la segunda mitad del siglo XX. Profesor emérito de literatura en el Sarah Lawrence College de Nueva York, fue un reconocido escritor y conferenciante de temas de mitología y religiones comparadas. Entre sus numerosos libros merecen destacarse: El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito (1949; Fondo de Cultura Económica, 1959), Las máscaras de Dios (4 volúmenes, 1959-1969; Alianza, 1991, reeditados en la actualidad por Atalanta), Las extensiones interiores del espacio exterior: La metáfora como mito y como religión (último libro editado antes de su muerte acaecida en 1987, y editado por Atalanta en 2013), Imagen del mito (Atalanta, 2012); “The Mythic Dimension: Selected Essays” (1959-1987), Transformations of Myth Through Time (1990), A Joseph Campbell Companion: Reflections on the Art of Living (1991), Mythic Worlds, Modern Words: On the Art of James Joyce (1993), Thou Art That: Transforming Religious Metaphor (2001) y Myths of Light: Eastern Metaphors of the Eternal (2003).

 

Pensar como una montaña. Aldo Leopold

Frederic Remington_Moonlight Wolf_ca. 1909

 

Llegamos junto a la vieja loba a tiempo para ver un fiero fuego verde muriendo en sus ojos. Entonces observé –y desde entonces lo he sabido siempre– que había algo nuevo para mí en aquellos ojos, algo que solamente sabían ella y la montaña. Yo era joven en aquel entonces, y sentía una vehemente comezón por apretar el gatillo; pensaba que, ya que menos lobos significaban más ciervos, ningún lobo en absoluto, representaría el paraíso de los cazadores. Pero tras extinguirse aquel fuego verde, sentí que ni la loba ni la montaña compartían mi punto de vista.

Desde entonces, he visto como un estado tras otro extirpaban sus lobos. He contemplado el rostro de muchas montañas recién privadas de lobos, y he visto como las laderas meridionales se iban arrugando con laberintos de nuevas sendas de ciervos. He visto como eran ramoneados hasta el más mínimo arbusto y plantón comestibles, primero hasta el desmedro anémico y luego hasta la muerte. He visto todos los árboles comestibles defoliados hasta la altura de una silla de montar. Al final, los huesos de los tan anhelados ciervos, muertos de hambre por su número excesivo se blanquean junto a los despojos de la salvia muerta, o se convierten en polvo bajo los enebros.

Ahora barrunto que igual que un rebaño de ciervos vive sientiendo temor moral hacia sus lobos, una montaña vive sintiendo temor mortal hacia sus ciervos. Y acaso con mayor razón, pues mientras que un macho abatido por los lobos puede reemplazarse en dos o tres años, un territorio devastado por el exceso de ciervos puede tardar muchos decenios en recuperarse.

Aldo Leopold, La ética de la tierra, Traducción de Isabel Lucio-Villegas y Jorge Riechmann. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2017.

 

aldo-leopold-Aldo Leopold nació en Burlington (Iowa) en 1887, cultivó desde niño un intenso interés por la naturaleza y desarrolló una larga vida profesional, primero como ingeniero forestal al servicio de la conservación de los bosques estadounidenses, y después como respetado profesor universitario especialista en la gestión de la vida silvestre. Murió de un ataque al corazón el 11 de abril de 1948, mientras intentaba apagar un incendio en la granja de un vecino que amenazaba sus propias repoblaciones forestales en la granja familiar The Shack. Su libro A Sand County Almanac (1949) (Almanaque del Condado Arenoso), es uno de los clásicos absolutos que ha generado el pensamiento ecologista, junto con La primavera silenciosa de Rachel Carson, sin duda las dos obras del siglo XX que más profundamente han influido en el desarrollo del movimiento ecologista en EE.UU.

Este libro, concluido justo antes de su muerte en 1948, donde han hallado alimento intelectual y espiritual varias generaciones de ecologistas en el mundo anglosajón (allí es considerado una verdadera “biblia”), y que dio origen a la ética ecológica como disciplina filosófica de perfiles nítidos, aúna con inimitable frescura las observaciones naturalistas de primera mano y la reflexión de fondo sobre la relación entre el ser humano y la biosfera. El esfuerzo de Leopold a lo largo de toda su vida por llegar a comprender la tierra como un sistema ecológico dinámico y, al mismo tiempo, como una comunidad moral de la que todos los seres formamos parte, culmina en el famoso ensayo La ética de la tierra, cuyo título se ha escogido para dar nombre a la edición castellana casi íntegra de A Sand County Almanac.

http://www.catarata.org/libro/mostrar/id/16

https://es.wikipedia.org/wiki/Aldo_Leopold

Imagen: Frederic Remington, Moonlight Wolf, ca. 1909